Reforma universataria

A  PROPÓSITO  DE  LA  FUTURA  REFORMA UNIVERSITARIA

Hace algunos días, el Ministro de Educación, Cultura y Deportes manifestó que la futura reforma del sistema universitario español se plasmaría en una disposición jurídica con rango inferior a ley. Sin embargo, una verdadera y profunda reforma universitaria exige, a mi entender, el apoyo de una disposición legal con rango de ley. En todo caso, lo importante es que, sea ley o no, aborde una serie de puntos que impliquen un cambio substancial en el sistema universitario español. Voy a tratar únicamente dos puntos, que considero claves, aunque sin restar importancia a otros que condicionan la actividad universitaria.

Un primer punto se refiere al estamento docente, que, como es obvio, desempeña un papel trascendental en la universidad, toda vez que las funciones que ésta tiene asignadas serán cumplidas, en mayor o menor medida, según disponga o no de un profesorado competente y eficaz. Por eso, el acceso y la propia carrera docente requieren una especial atención.

El acceso al cuerpo docente funcionario (dejamos aparte los profesores contratados) viene regulado por los Reales Decretos 1312 y 1313, ambos de 5 de octubre de 2007.  El proceso de acceso consta de una acreditación y un posterior concurso, los cuales, a mi juicio, no garantizan la selección de un profesorado competente, porque ni el sistema de acreditación es fiable, ni el concurso adecuado, como  viene demostrando la experiencia de estos años. En definitiva, ni la idoneidad, ni el concurso, ni el concurso-oposición, ni la acreditación, son procedimientos que garanticen la debida preparación que requiere la pertenencia al cuerpo del profesorado universitario funcionario.

Por ello, es necesario modificar radicalmente tanto el acceso al cuerpo docente universitario funcionario, como la posterior carrera docente. En primer lugar, el acceso al cuerpo citado debería realizarse mediante el procedimiento de oposición, consistente en pruebas objetivas en las que se valorarían dos aspectos: los conocimientos y las facultades pedagógicas. Respecto a los conocimientos, los candidatos, los opositores, deberían demostrar unos conocimientos generales de la rama científica en cuestión, y otros específicos de la disciplina correspondiente a la plaza convocada. En cuanto a las facultades pedagógicas, el candidato debería mostrar sus aptitudes para la impartición de la docencia.

Más concretamente, el acceso al profesorado universitario funcionario debería seguir el procedimiento de oposición, consistente en tres pruebas: una, la demostración de unos conocimientos de tipo general sobre la rama científica correspondiente (por ejemplo, de la ciencia jurídica en su totalidad, si la plaza convocada es de Derecho Mercantil); otra, la demostración de un conocimiento más profundo y extenso de la materia propia de la plaza convocada (en el ejemplo, un conjunto de temas de Derecho Mercantil), en donde se valore, además de los conocimientos, las cualidades pedagógicas de los candidatos; y una tercera prueba, referente a la aplicación de los conocimientos teóricos a la realidad, mediante casos prácticos, comentarios de textos, etc.

Serían, en mi opinión, pruebas objetivas, transparentes y juzgadas por un tribunal cuyos componentes fueran todos ellos elegidos al azar y no por una autoridad académica u órgano colegiado. Se trata de pruebas similares a las exigidas en otros cuerpos de la Administración del Estado (judicatura, abogados del estado, notarías, etc.).

Los candidatos que superasen la oposición pasarían a ser profesores de “entrada” o “nivel 1” (o la denominación que se estime conveniente) y a partir de aquí iniciarían la carrera docente para escalar puestos superiores. Así, cuando dicho profesorado, de nivel 1, alcanzase el grado de doctor, automáticamente pasaría a un nivel superior, “nivel 2”, y, desde este puesto, bien fuera por capacitación, donde se tendría en cuenta fundamentalmente la labor investigadora, o bien por antigüedad, en la que se tendría en cuenta además la labor docente y de gestión, podría accederse al nivel superior del profesorado (catedrático).

En cuanto a las enseñanzas universitarias, también la reforma debería ser substancial. En mi opinión, deberían cambiarse los conocimientos superficiales y tan diversos por otros más profundos y concentrados. Así, los planes de estudio abarcarían un número muy limitado de asignaturas (cuatro o cinco por curso) impartidas durante todo el curso académico y no en un simple cuatrimestre. Sirvan dos ejemplos al respecto: la parte de Derecho Civil relativa a obligaciones y contratos o derechos reales, difícilmente se puede explicar en un cuatrimestre (en realidad tres meses); la Microeconomía exige todo un año de aprendizaje si es que se desea conocer a un cierto nivel. Por consiguiente, deberían eliminarse las asignaturas cuatrimestrales, salvo las optativas, que únicamente deberían figurar en el último curso, agrupadas por especialidades.

En consecuencia, durante el curso académico existirían dos únicas convocatorias, suprimiéndose la de febrero, que rompe con la continuidad del curso. Sólo cabría una convocatoria extraordinaria en enero o febrero para aquellos estudiantes a falta de terminar los estudios por tener pendiente un máximo de tres asignaturas, considerando una de ellas optativa.

En definitiva, creo que es mejor una preparación basada en unos conocimientos elevados de unas materias principales relativas a una rama científica, que unos conocimientos genéricos sobre diversas disciplinas, en ocasiones demasiados particulares. En todo caso, la optatividad respondería a una mayor extensión del aprendizaje, pero después de conocer el tronco esencial de la rama científica en cuestión.

Finalmente, en las enseñanzas actuales existen situaciones verdaderamente paradójicas. Me refiero a que la inexistencia de incompatibilidades conduce a que estudiantes con asignaturas aprobadas de cursos superiores llevan pendiente una asignatura que es la base de las que ha superado. ¿Cómo se entiende esto?. Por ello, un cuadro de incompatibilidades debería volver a los planes de estudio.

Soy consciente de que algunas de las anteriores ideas recuerdan tiempos pasados, pero ni todo lo tradicional debe ser desechado, no todo lo moderno debe aceptarse sin más. Recojamos lo mejor de cada tiempo.

José Luis Martín Simón

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